En lucha contra la esclavitud

Entrevista a la hermana Eugenia Bonetti, Misionera de la Consolata, durante muchos años comprometida con la acogida a las mujeres inmigrantes y en la lucha contra el flagelo de la trata de personas.

Hermana Eugenia, tú tienes una larga experiencia de trabajo contra la trata de seres humanos. ¿Cuáles son, según tu experiencia, las principales áreas de explotación de personas en Italia?

La explotación del sexo pagado de mujeres extranjeras, en su mayoría nigerianas y menores.

Estas mujeres llegan con los flujos migratorios clandestinos, después de haber afrontado un viaje  agotador a través del desierto del Sahara con medios abarrotados hasta lo increíble y una larga estadía en Libia, esperando partir hacia Italia, donde son adiestradas en la prostitución incluso con formas de violencia física y psicológica. Muchas de ellas son violadas por los traficantes, y quedan embarazadas y tienen mayor posibilidad de ser acogidas. Una vez que llegan a Italia, después de haber recibido una rápida acogida como refugiadas debido a su embarazo, estas mujeres son obligadas a abortar y son iniciadas en la prostitución.

 

En el contexto de la trata, aparece un dato sumamente dramático, como es la explotación de los menores de ambos sexos. ¿Podrías explicarnos de qué se trata y contarnos algún caso en concreto?

En primer lugar, debemos hacer una distinción, entre menores, varones y mujeres no acompañados, es decir, sin sus padres o parientes, a merced de los traficantes que convencen a los miembros de la familia para que los dejen partir con el fin de darles un futuro con una buena educación escolar o un trabajo rentable para ayudar a la familia. Las niñas, una vez que llegan a Italia, si son reconocidas como menores tienen un carril preferencial de protección y recepción en instalaciones adecuadas. Desafortunadamente, muchas de ellas, en pocos días, desaparecen de las estructuras, ya que los traficantes o las maman que han seguido sus movimientos los absorben para usarlos en intereses específicos. Normalmente, las jovencitas son puestas en las calles para la prostitución, muy buscadas por los clientes debido al menor riesgo de contagio del SIDA. Los varones en cambio, son usados  para mendigar o para la explotación laboral por parte de sus propios connacionales.

No hace mucho tiempo, una joven, de tan solo dieciocho años, encontrada en el CPT (Centro de Acogida Temporal) de Ponte Galeria porque estaba sin documentos, nos ha contado que había sido traída a Italia por tres hermanastras y se le obligada a prostituirse en Liguria antes de ser detenida por la policía y llevada a Ponte Galeria. En el giro de 15 meses, había entregado  a sus hermanastras la suma de € 53,000. Ante nuestra sorpresa por esta cifra, nos dijo que, siendo pequeña y con un aspecto todavía infantil, era muy solicitado por los clientes, que pensaban que estaban evitando el riesgo de un contagio de enfermedades como el SIDA.

Uno de los muchos resultados en tu lucha contra la trata es la de haber obtenido que la Iglesia Católica dedicase un día mundial a este tema. ¿Qué significó esto para ti y para las asociaciones involucradas en esta lucha?

 

El historia de esta jornada se remonta al primer anuncio del Papa Francisco el día de Pascua inmediatamente después de su elección como Pastor de la Iglesia Universal. Sus palabras de fuerte denuncia contra la trata de personas, traficantes y consumidores nos han dado una clara señal de que en el Papa Francisco habríamos encontrado un gran interlocutor y defensor de la dignidad de las mujeres. He aquí sus palabras exactas: «Paz a todo el mundo, todavía tan dividido por la codicia de los que buscan fáciles ganancias, herido por el egoísmo que amenaza la vida humana y la familia, egoísmo que continúa la trata de personas, la esclavitud más extendida en este siglo veintiuno».

Durante muchos años de trabajo, especialmente en contacto con tantas jóvenes víctimas de la trata, que escapaban de las calles pidiendo ayuda y protección, diversas congregaciones religiosas han abierto las puertas de sus conventos para acoger y recuperar a muchas jóvenes extranjeras, víctimas de la trata de seres humanos. De sus narraciones nos dimos cuenta de la gran demanda de sexo pagado por parte de una sociedad que ha perdido el sentido y el valor de la dignidad de cada persona. Y esta solicitud provenía de un mundo dominado por hombres -el 90% formado por cristianos- que no quieren cuestionarse y creen que pueden comprar todo, incluso el cuerpo de una menor. Este es también un gran desafío para nuestras parroquias, en el que muy pocos pastores han tenido el coraje de Juan el Bautista para señalar con el dedo y gritar: «No te es lícito».

El Papa Francisco abrió el camino y en el primer encuentro que tuvimos con él el 20 de septiembre de 2013, le hemos pedido que establezca un día Mundial/eclesial contra la trata de personas, a celebrarse posiblemente el 8 de febrero, la fiesta litúrgica de santa Josefina Bakhita, la pequeña esclava sudanesa liberada de sus cadenas, traída a Italia, acogida por las hermanas Canosianas, y que luego decidió ser una de las religiosas, que murió en olor de santidad y fue proclamada santa por el Papa Juan Pablo II. El objetivo era, precisamente, el de involucrar y movilizar a  todos para poner de manifiesto el problema de la trata de personas que está destruyendo a toda una generación de jóvenes, provenientes principalmente de los países empobrecidos por nuestros sistemas económicos, pero que destruye también a nuestra sociedad y a nuestras familias .

Esto fue concedido, y este año, la Jornada fue enfocada precisamente en la esclavitud de los menores en todas sus formas: desde la prostitución hasta el trabajo infantil, la mendicidad, la sustracción de órganos, los matrimonios forzados, los niños soldados… Esperamos que nuestras iglesias tomen seriamente en consideración esta jornada.

 

Además de su asociación «Esclavos no más», ¿pueden mencionar algún otro organismo que intente oponerse y poner algún remedio al fenómeno de la trata?

Tanto en Italia como en el mundo entero, ahora hay muchas organizaciones que se ocupan del tráfico de seres humanos, a partir de los organismos Vaticanos, a Caritas, al Grupo Abel, a las congregaciones religiosas que trabajan particularmente en la acogida de las víctimas para su recuperación integral. Ellas           han creado una densa red de presencia en todo el mundo, llamado «Talitha Kum», que coordina los servicios de más de 800 religiosas. También está la red europea «Renate», que coordina el servicio de muchísimas congregaciones religiosas interesadas en este ministerio. Incluso en Italia la red USMI tiene una oficina específica de pastoral que coordina el servicio religioso con las casas Familia. Hace parte del grupo «Esclavos no más» un grupo de religiosas que desde el 2003  visita semanalmente el CPT de Ponte Galeria para encontrarse con las mujeres allí recluidas en espera del juicio sobre el motivo de su presencia en Italia sin documentos. A menudo para ellas hay repatriación forzada. El proyecto de «Esclavos no más» es muy útil e innovador, porque ofrece a las mujeres víctimas de la trata la oportunidad de regresar a sus hogares con un proyecto financiado de reinserción en su país.

Desde que se inició este proyecto hace tres años, fueron repatriadas y asistidas financieramente 30 mujeres y una decena de niños. Las Religiosas locales con los que colaboramos, tanto en Lagos como en Benin City, se hacen cargo del cuidado de estas jóvenes repatriadas por nosotras  y las  acompañamos en su reinserción social y familiar.

El tráfico de seres humanos es realmente un flagelo que debe interrogarnos a cada uno de nosotros. ¿Qué crees que puede hacer cada individuo para ayudar a erradicar este terrible mal?

Todos nos sentimos responsables de esta gran incomodidad social que está destruyendo la vida de tantas jóvenes indefensas y vulnerables, pero que también destruye a muchas familias y pone en discusión a nuestras propias comunidades cristianas y civiles. Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar con responsabilidad según las propias competencias: autoridades sociales y religiosas, funcionarios públicos y operadores del sector privado, docentes y padres de familia, parroquias y congregaciones religiosas, hombres y mujeres que buscan el bien común basado en el valor y el respeto de cada persona. Solo uniendo  nuestros esfuerzos podremos vencer a la nueva esclavitud del siglo XXI.

Por lo tanto, pedimos:

A la familia humana que desarrolle un sistema económico equitativo que ofrezca a las mujeres la oportunidad de una vida mejor sin verse obligadas a vender su propio cuerpo.

A los gobiernos que repriman y castiguen la trata de seres humanos y protejan y reinserten legalmente a las víctimas con la legislación adecuada.

A la sociedad que presionen a favor de la obtención de medidas efectivas para combatir la demanda de sexo pagado y que salvaguarden los valores de fidelidad, amor y unidad de la familia.

A la Iglesia que salvaguarden y promuevan la dignidad de cada mujer, creada a imagen de Dios y que ofrezcan una visión cristiana de la sexualidad y de las relaciones hombre-mujer.

A la escuela que brinde una correcta formación e información sobre los verdaderos valores de la vida basados ​​en el respeto mutuo.

A los medios de comunicación que proyecten una imagen completa, equilibrada y cuidadosa de la mujer y restauren su pleno valor humano, presentándola como sujeto y no como objeto.

Hna Gloria Elena López, mc

 

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