A lo largo delas riberas del río …

Hermana Gladys Nduma, es una misionera Keniana, que con alegría y naturaleza comparte su primera experiencia misionera, desarrollada en La Tagua, Colombia.

He aquí mi experiencia entre los nativos en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, La Tagua, en el vicariato de Puerto Leguizamo – Solano, en Colombia.

Los miembros de la parroquia son campesinos, indígenas y habitantes urbanos. La parroquia ha aplicado diversos paradigmas pastorales, esto me ha dado la posibilidad de entrar en la realidad de cada uno de los grupos. Son realidades totalmente diferentes entre ellos, he experimentado el cambio de la cultura, del lenguaje, del método de apostolado. Necesitaba aprender còmo ser misionera entre aquellas personas.

Lo primero que tuve que aprender fue el tener que depender totalmente de los laicos para todas mis necesidades durante las visitas a las diferentes malocas. Y no solo de los laicos, sino también de aquellos misioneros que han hecho este tipo de apostolado antes que yo. Los laicos nos indicaron dónde armar nuestra tienda. Comìamos lo que nos daban y bebìamos lo que nos ofrecìan. Hemos experimentado lo que Jesús dijo a sus apóstoles: «Si una aldea les acoge, entren, coman y beban lo que les dan» (Lc 10, 7).

La gente está muy feliz de ver a los misioneros que comen lo que se les ofrece. Segùn la mentalidad de los indígenas, los que se alojan en sus casas, comiendo sus alimentos y bebiendo sus bebidas, son considerados parte de su tribu. Las personas que no comen y no beben con ellos, o no entran en su maloca son «blancas».

En mi primera visita a la comunidad, me sorprendió mucho escuchar a las personas referirse a mí como un «blanco». Para mí, los blancos son aquellos que tienen la piel clara y pensé que cada vez que hablaban de blancos se referían a ellos. Más tarde me di cuenta de que el blanco es cualquiera que no sea nativo, independientemente del color de su piel. A veces nos decìan: «Ustedes los misioneros se han hecho como nosotros, porque han comido nuestra comida y bebido nuestra ‘caquana’ (una bebida típica de los nativos hecha de yuca u otros jugos extraídos de los frutos de los árboles del bosque) en la maloca».

Todo nuestro recorrido en estas áreas se realiza por el río. La primera visita nos lleva un día y medio de viaje, desde el centro de la misión hasta la comunidad más lejana. A partir de allí comenzamos a visitar a las otras comunidades, una después de otra. ¡Qué aventura y qué hermoso es viajar horas y horas a lo largo del río con solo el hermoso canto de los pájaros y el denso bosque con diferentes tipos de árboles! ¡Qué placer nos da el detenernos en medio de este bosque sobre  la orilla del río para consumir nuestro almuerzo! Todo es silencio y tranquilidad, solo algunos mosquitos revolotean aquí y allá, mientras ellos también intentan comer.

Cuando llegamos a las comunidades, encontramos a la gente lista para recibirnos de la mejor manera. Entre ellos, hay quienes nos han preparado la «caquana». En otras comunidades, encontramos a la gente esperándonos en el puerto para ayudarnos a llevar nuestras valijas. Más tarde, el catequista nos acompaña a la maloca donde los misioneros se encuentran con el «cacique», la autoridad suprema entre los nativos. Él nos da información sobre la realidad de la comunidad y su opinión sobre lo que espera de los misioneros.

Una experiencia particular es la que se hizo con los jóvenes de las diferentes comunidades durante estas visitas. El reunir a los jóvenes se ve facilitado por la presencia de las escuelas en casi todas las comunidades. Esto abre la posibilidad de formar grupos entre ellos. Por lo general, con estos grupos tenemos momentos de recreo, entretenimiento bromista y, más tarde, momentos de compartir la vida.

Mi experiencia entre los jóvenes fue muy hermosa. Me dieron tanta alegría y aprendí mucho de ellos. Son muy espontáneos, amables y abiertos al compartir sus sentimientos, sus sueños, sus desafíos y sus miedos. Están llenos de sueños, con la esperanza de lograr que su vida sea mejor de lo que es hoy en día. Sobre todo, están muy interesados ​​en lo que sucede en el mundo y tratan de responder a la profunda inquietud que estos hechos despiertan en ellos. Aunque no siempre resulte fácil para ellos, algunos no pierden ninguna oportunidad que se les ofrece para su formación personal y para estudiar. Están abiertos a pedir consejo sobre cómo mejorar su vida. Algunos de ellos son conscientes de que el estudio es la clave para un futuro mejor, por lo que aprovechan todas las oportunidades para estudiar, incluso si tienen que luchar con sus limitadas posibilidades. De hecho, los principales obstáculos que deben afrontar son la falta de recursos y la distancia aquellos que viven en comunidades alejadas del centro urbano donde podrían continuar sus estudios, una vez que hayan terminado la escuela primaria.

Me conmovió mucho el sentirme decir: «Por favor, hermana, reza por mí, no quiero destruir mi vida». Quiero ser alguien en la vida, quiero ayudar a mis padres y a mis hermanos. Reza por mí, porque estamos circundados de muchas tentaciones… «. En realidad, ellos dan testimonio de su fe no solo con palabras, sino también con la participación en la Misa y en diversas reuniones. Al mismo tiempo, hay jóvenes que necesitan ser guiados para vivir una vida plena y ayudados a dejar algùn comportamiento equivocado que les impide dedicar plenamente su vida al estudio y a disfrutar de la etapa juvenil.

. Hay mucho que hacer, especialmente en lugares donde los jóvenes no tienen una familia que les dé orientación. Nuestra esperanza y nuestra alegría como equipo misionero son su apertura para escuchar y aclarar sus dudas cada vez que tienen la oportunidad durante las reuniones periódicas que tenemos con ellos. Mi oración al Señor es que El continúe enviando a jóvenes misioneros que puedan acompañar y guiar a esta juventud joven haciaa una vida plena en la realización de sus sueños y sus esperanzas.

Hna Gladys, mc

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