Los dos regalos de Dios

 

Hermana Claudia Graciela, misionera de la Consolata colombiana, nos comparte las alegrías de su vocación y misión, y nos abre el corazón sobre sus sueños y expectativas para la misión en Kazajstán que la espera en este año 2020

 

¿Qué significa para ti la vocación misionera, la misión?

La vocación misionera es un regalo que Dios me ha dado junto con el don de la vida. Es compartir mi experiencia de vida y de fe con las personas que Dios pone en mi camino allá donde Él me envia, acogiendo y favoreciendo un intercambio que me transforma, me enriquece y me ayuda a aprender a vivir con serenidad y esperanza mi peregrinar cotidiano con Dios y con cuantos caminan a mi lado.

 

¿Puedes compartir una alegría grande che te ha dado la vida missionera?

La vida misionera me ha dejado muy bellos recuerdos de rostros, de encuentros profundos y de acontecimientos, que me han ayudado en mi camino de crecimiento humano y espiritual. Señalo solo una, de entre tantas alegrías,  y es la experiencia vivida con una mujer en una mision en Tanzania. Ella pertenece a una tribu de religion tradicional y puedo decir que cada encuentro con esta señora y tantas otras personas en la mision me dava la oportunidad, verdaderamente, de una reflexion profunda para mi camino de fe y de un dialogo fraterno de vida. Una vez habia pasado mucho tiempo sin llover y todas las personas estaban preocupadas porque si no llovía las semillas no habrian podido crecer bien, lo que implicaba tiempo de carestia. Conversando con ella a respecto le digo: “continuemos a orar para que Dios nos ayude con la lluvia”. A lo cual me pregunta: “y que significa orar?” Entonces yo intenté explicarle con sencillez que la oracion es un dialogo amigable que establecemos con Dios; y ella me responde: “pero el Dios de la naturaleza si es cercano y es Dios, sabe lo que es mejor para nosotros, no necesitamos decirselo, nosotros solo debemos saber esperar y confiar”. Al día siguiente cayó la bendecida lluvia.

 

 

¿Qué dirías a una joven, que se siente atraída hacia la vida misionera y esta decidiendo su proyecto de vida?

Que sea abierta y disponible a la voz de Dios que escoje las sorpresas de la vida cotidiana para manifestar su presencia: los acontecimeintos, las personas y las situaciones, son también medios a traves de los cuales Él se comunica a cada uno de nostros.

Que se deje guiar por la fuerza del Espíritu y no tenga miedo de responder a lo que Dios, llamándola le propone, porque cada opción de vida tiene sus riesgos y sus alegrías, pero si es el camino de uno, Él dona paz, serenidad y fuerza para seguirlo. Asi que la invitaría a repetir una oración que me ha ayudado en mi camino: “Si Señor yo me entrego a ti, confío en ti y acepto lo que me pidas”.

 

¿Cómo te sentiste cuando recibiste la destinación a Asia?

Sentí mucha alegría y sorpresa. Como parte de esta Familia Misionera estaba acompañando el proceso  de apertura de las nuevas presencias en Asia y oraba por estos pueblos y por las misioneras que habrían sido enviadas para caminar estos nuevos senderos de mision; ¡nunca pensé que yo habría podido ser una de estas hermanas! Puedo afirmar que para mi, en  esta etapa de mi vida, el nuevo servicio misionero al cual vengo llamada, es un regalo muy bello que Dios me está dando y les pido una oracion para que las hermanas que estamos preparandonos para partir podamos ser buenos instrumentos en Sus manos.

¿Cuáles son tus sueños tus ilusiones para la nueva misión?

Mis sueños e ilusiones para la nueva misión son de compartir la vida y la fe con alegría y simplicidad, en mi comunidad y con el pueblo del Kazakistan. Deseo abrirme a la acción de Dios, ya presente en este pueblo, aprendiendo y valorizando la realidad, la cultura, el idioma, el clima, las tradiciones y amar la misión, dejándome transformar por ella con los desafíos y emociones que todo inicio y diversidad implican.

 

¿Cuál es el secreto de la felicidad?

Mas que de un “secreto de la felicidad”, me gustaría hablar de un camino de gratitud. Continuar, en el servicio de la vida cotidiana, a descubrir y a ser consciente que Dios me ama y me dona la vida para vivirla intensamente, respondiendo a  Su amor como una oportunidad única e irrepetible. Vivir la vida como un don es el camino de la felicidad.

 

 

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