Desde niña, Asia estaba en mi corazón

 

Una inmensa alegría invadió mi corazón cuando el 20 de diciembre del año pasado, a las 10.30 de la mañana, el mismo día en que la iglesia nos hacía meditar sobre el Evangelio de la Anunciación, Madre Simona, me llamó para darme el gran anuncio. Sí, la Dirección General también había pensado en mí para las nuevas aperturas en Asia. «Gracias, gracias, gracias…»: estas fueron mis primeras palabras… Era claro que mi respuesta fue afirmativa. Muchas personas conocían mi gran deseo de ir a Asia, cada oportunidad era buena para mencionarlo, y tal vez alguien se sorprendía ante tanta insistencia. Un deseo que el Señor ha puesto en mi corazón desde que era niña, fue el de ser misionera en Asia, por mi identificada con la China. Recuerdo que cuando les dije a mis padres que quería ser misionera de la Consolata, mi papá me dijo: «Ivana, pero esta congregación no tiene presencia en Asia…». Mi respuesta confiada fue: «¡Por ahora no, pero tal vez, dentro de unos años! …».

Cuando recibí la primera destinación en Venezuela, pensé: «Como a Cristóbal Colón, el Señor me preparará el viaje al Asia pasando por el occidente, o sea que haré el recorrido a la inversa». La nueva destinación en Colombia después de casi siete años confirmaba mi confiada teoría.

 

el envío misionero a Asia Central con el Card. Braz de AViz

En el año 2009, cuando me estaba preparando para los votos perpetuos en Nepi, conocí a una laica consagrada que a los pocos días debía viajar a la  China. No podía dejar pasar la oportunidad: preparé un paquete con un cuadro de la Consolata y le pedí que lo llevara a mi tierra prometida para que para que Ella me esperara. ¡Y estoy segura de que la Consolata ha jugado un papel importante en esta nueva destinación!

El Señor me estaba invitando a entrar finalmente en la tierra prometida. Al igual que Abraham, recorrí un largo camino, en los ríos del Delta del Orinoco, me detuve en mi amada Nabasanuka, donde he conocido y amado a la gente del pueblo Warao, luego me pidió que prestara un servicio interno en nuestro colegio de Bogotà. También aquí el Señor no se dejó vencer en generosidad y me ha donado su sabiduría y fortaleza para llevar a cabo el servicio no fácil, pero rico en muchas relaciones con estudiantes, familias y dependientes. Estoy segura de que también en esta nueva misión que me está donando, el Señor no dejará de hacerme el regalo de la adaptación y de sostenerme en las dificultades como siempre lo ha hecho. Los desafíos son muchos, pero confío en la fidelidad de Dios y en sus sorpresas. Ahora estoy llamada a concluir bien mi misión aquí en el colegio y a alabar a Dios por todo lo que he recibido en este continente americano.

Hna Ivana Cavallo, mc

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