Mi alegría es lo recibido, lo aprendido y lo vivenciando con la gente

Hermana Hannah Wamboi, misionera de la Consolata kenyota, nos comparte su linda misión en Argentina

¿Después de tantos años en Argentina, qué significa para ti ser misionera de la Consolata en este país? 

Son 20 años que estoy en Argentina. Ser misionera de la Consolata en estos años ha significado para mí, lo que nuestro lema de la primera profesión decía, “Consolata per consolare” (consolada para consolar).  Siento profundamente que mi experiencia en Argentina ha sido de profunda consolación de parte de Dios a través de su Palabra, los sacramentos, las personas y circunstancias que me ha tocado vivir. A su vez esta experiencia ha ido transformando mi vida en un instrumento de consolación para las personas que Dios ha puesto en mi vida en las misiones que me ha tocado vivir en estos años.  He vivido un año en Merlo Norte, Buenos Aires, seis años en el impenetrable chaqueño, seis años en Palo Santo y siete años en Isla de cañas.  Ha sido una experiencia misionera bellísima con sus riquezas y desafíos que me ayudado muchísimo a crecer y ampliar la mirada.  Estoy inmensamente agradecida al Señor, por regalarme tan grande y hermosa experiencia.

¿Cuál es la misión que llevas más en el corazón? 

Verdaderamente no sabría decir cuál es la misión que más llevo en el corazón porque cada misión que he vivido ha dejado huellas muy profundas e inolvidables en mi vida. En Comandancia Frías donde estuve seis años tuve la oportunidad de compartir la vida con el pueblo Wichi, un pueblo muy humilde donde me inicié con el mundo indígena, conociendo su cosmovivencia y su espiritualidad relacionando con la madre tierra.  He tenido la oportunidad de trabajar junto con la comunidad en el equipo con organizaciones, instituciones y otras iglesias cristianas que acompañaban los pueblos originarios Wichi, Toba y Mocoví de la provincia de Chaco dónde aprendí muchísimo.  Fue una experiencia muy bella de ecumenismo y de acompañamiento en la defensa de los recursos naturales y de los derechos de los más pobres. ¡Cuántos detalles y recuerdos agradables de mi experiencia diaria con el pueblo Wichi y criollo de comandancia frías! Fue mi primer amor.  

Mi experiencia en Palo Santo me permitió en manera especial a entrar en el mundo juvenil trabajando en la animación misionera vocacional.  Un mundo bello y desafiante.  Aprendí a amar a los jóvenes, a conocer sus valores y sus luchas dejando que Dios haga su obra en ellos por medio mío en la manera que él les parecía mejor.  Me conmueve recordar los rostros de los jóvenes con la cual compartí profundas experiencias.  El trabajo con los grupos misioneros en la diócesis de Formosa desde la OMP me enriqueció muchísimo.  Me encanto la experiencia con el pueblo formoseño en general.

Mi experiencia en Isla de Cañas diría ha sido una de la más gratificantes. He podido conocer y entrar más profundamente en la práctica de la cosmovivencia y espiritualidad de los pueblos originarios sobre todo de la Pachamama. Es un pueblo que gracias a Dios todavía preservan muchas de sus costumbres.

Compártenos una alegría grande que te dio la misión

Mi alegría trabajando con el pueblo Wichi y Kolla es lo recibido, lo aprendido y lo vivenciando con ellos especialmente de su relación con la naturaleza, el acogida y sentido fuerte comunitaria que tienen. Me han ayudado a tomar conciencia y a crecer en mi relación con la naturaleza descubriendo que todo está conectando, entretejido e interrelacionado.  La experiencia de la Pachamama con el pueblo kolla ha sido una experiencia fuerte para mí, llegando a percibir la Pachamama como manifestación de la maternidad de Dios en cuyo vientre estamos, nos nutrimos, nos movemos y existimos. Sea con pueblo Wichi y Kolla, ha sido una alegría grande el compartir la vida cotidiana con ellos, el cariño y la confianza mutua, sus alegrías y sus luchas. Me da mucha alegría ver la respuesta positiva de los agentes de pastoral in isla de cañas en estos siete años.  Soy testigos de su crecimiento teniendo en cuenta que mayoría de ellos no frecuentaba a la iglesia cuando llegamos en esta comunidad. Es una experiencia muy edificante más allá de las debilidades humanas que nos acompaña a todos.

Uno de los desafíos más grande ha sido el constatar el dolor profundo que marca a su vida a causa de la discriminación de parte de la sociedad envolvente a lo largo de su historia. Algunos llegan a negar su identidad para evitar la discriminación cuando salen de las comunidades para ir a vivir en las ciudades buscando nuevos horizontes. También hoy la influencia negativa de la globalización, de los medios de comunicación y religiones que nos respectan su identidad cultural lleva a la gente a perder gradualmente lo bello que tienen de su cultura y de su sabiduría. Otros desafíos son la falta de contención de los niños, adolescentes y jóvenes en muchas familias, alcoholismo, división interna debido a la política partidaria.

Si pudieses volver atrás en el tiempo, ¿qué cosa no harías más, y qué cosa repetirías sin duda? 

Si pudiese volver atrás en tiempo, a la luz de la experiencia que tengo ahora de mi pequeñez, quizá aprovecharía más cada instante para escuchar a Dios, a mí misma, a los demás y a la naturaleza pidiendo y dejándome llevar por el Espíritu Santo protagonista de la misión en mis relaciones. Repetiría lo mismo que he hecho hasta ahora, pidiendo y dejando Jesús a obrar en mí.  

1 comentario en “Mi alegría es lo recibido, lo aprendido y lo vivenciando con la gente”

  1. María Isabel Soy

    Muchas gracias Hannah por tu testimonio con los pueblos más discriminados en Argentina, como son los originarios. Dios siga moldeando tu corazón para dar y recibir Consolación.

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