El Fundador y la esperanza

Uno de los aspectos fundamentales en la vida de nuestro Padre, era la confidencialidad y la confianza en Dios y en la Consolata. Se puede decir que era un experto en confidencialidad, y en confianza

Y era a partir de la propia experiencia personal que él enseñaba a orar con confianza, confidencialidad y perseverancia. Él decía: “Me gusta tanto una oración que se relaciona con la confidencia en Dios: «Yo jamás perderé la confianza en ti, Dios mío». ¡Ah, qué hermoso es! “Nunca se espera demasiado […]. Dios puede y quiere ayudarnos». DIOS PUEDE Y QUIERE AYUDARNOS…

Y agregaba todavía:

Se debe  tener un depósito de confianza para poderla inculcar en los otros. Sin confianza, no se puede hacer nada. ¡Desconfiando le hacemos una ofensa a Dios!, ¡cuesta tan poco confiar en Dios! Entonces, ¿por qué no confiar?»

“En momentos dolorosos, la Virgen interviene siempre de manera extraordinaria. He visto mucho, mucho,… Por los enormes gastos del Instituto y de las misiones, nunca perdí el sueño ni el apetito. Le digo a las SS. Consolata: “¡Piénsalo tú! Si quedas bien, eres tú”.

Ahora todos estamos atravesando un tiempo de mucho sufrimiento, de días extremadamente difíciles, de tanto miedo e incertidumbre, donde a menudo nos parece que no podemos ver una salida, un destello de luz. En esta situación, descubrimos aún con más fuerza que nuestra confianza debe depositarse solo en Él, el Señor de nuestra vida y de nuestra Historia, nuestro Buen Pastor que siempre está cerca de nosotros, camina con nosotros, sufre con nosotros, con toda la humanidad y que nos dice: «Vengan a mí todos los que están fatigados ​​y oprimidos y yo los restauraré» (Jn 11, 28).


Estamos llamados a alimentar la fe y la confianza todos los días, a través de una relación profunda y amorosa con Jesús y con la Virgen Consolata, y a infundir en el  corazón de las personas que viven a nuestro alrededor el buen perfume de la Consolación, de la cercanía a través de una presencia solidaria y discreta pero efectiva, y para aquellos que están físicamente distantes en cada rincón de la tierra podemos «acercarnos» con nuestra oración, porque ésta no conoce confines…

En medio de esta pandemia que afecta a todo el planeta, nos damos cuenta de cómo estamos todos interconectados y entonces no solo nuestra oración sino también nuestros pensamientos, nuestros afectos, nuestros deseos… todo lo que alimentamos dentro de nuestro corazón y de nuestra mente pueden incidir positivamente, traer un rayo de luz, una chispa de esperanza, de conforto incluso cuando no nos damos cuenta.

 “La confianza es una confidencialidad amorosa con la Divina Providencia que nos acompaña en cada paso de nuestra vida. Vamos a abandonémonos en Dios y dejemos todo en sus manos. Es padre y hace todo lo mejor por nuestro bien. Nunca debemos temer ni por el Instituto, ni por cada uno en particular. En todo, incluso en las cosas más pequeñas, elevémonos a Dios y confiemos solo en Él, cualquiera que fuere el curso de los acontecimientos. No fundemos nuestra confianza en los medios humanos que están en nosotros: talento, fortalezas, virtudes, etc., o que están en los otros. Hagamos siempre h lo que podemos de parte nuestra, luego dejemos todo en las manos del Señor, sin temor. El nunca deja su obra a mitad.

Nuestro Padre Fundador nos invita a confiar en Dios «siempre, aunque pase lo que pase, como siguen los acontecimientos…», es decir, incluso en los más oscuros y desconcertantes, porque está haciendo su obra más allá de nuestros puntos de vista inadecuados. Esto nos anima en nuestro camino, ante cualquier dificultad o prueba que se presente.

Y nos dice más todavía: “Debemos arrancar las gracias al Señor. […]. Llamamos a la puerta, toquemos más fuerte todavía si no se abre, rompamos la puerta si no basta golpear más fuerte. Es el Señor quien nos enseña a hacer así. […]». «Debemos tener un depósito de esperanza, no desanimarnos, aunque no obtengamos todo […] tenemos todo». «Se necesita confianza para pretender milagros, una confianza tal como para ser audaces, prepotentes; el Señor no se ofende por esto». ¡Que el Beato José Allamano nos ayude a crecer en esperanza!

Esta reflexión se puede escuchar aqui

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