Caminando por los Salmos

Los salmos son tal vez  los textos bíblicos más utilizados, porque entran a ser parte de las oraciones, acompañan las lecturas y proporcionan un punto de partida para muchas canciones religiosas. Sin embargo, también se encuentran entre los textos de los que es más difícil hablar, que raramente se explican.

Por una vez, intentemos aventurarnos, sabiendo que la tarea no es fácil y que probablemente saldremos un poco impactados. Pero si logramos aprender algo hermoso, también valdrá la pena.

Orar cantando

¿Qué cosa son los salmos? La primera indicación nos puede provenir de la palabra, que nos fue dada no del hebreo sino del griego, lengua  en la que hacía referencia a: “melodía tocada o acompañada por un instrumento de cuerda pulsado con los dedos”. Es decir que estamos en un campo musical, donde, sin embargo, el foco de atención no está en la música:; de lo contrario, el instrumento habría sido tocado con una púa, ( plectro ) para que se escuchara mejor.

En fin, estamos hablando de canciones, donde la música es importante pero las palabras son más importantes aún. En nuestra época se sabe algo como esto otra vez; son precisamente aquellas canciones  que constituyen la mayor parte de nuestra «música ligera». Esto nos hace comprender una primera dificultad para penetrar en el espíritu de los salmos.

Efectivamente, tomemos una canción que nos agrade, quitémosle la música y leamos sólo la letra. Probablemente parecerá más pobre e incluso un poco incoherente;  tal vez tengamos dificultades para pensarla sin música.

Al leer los salmos, nos encontramos en la misma situación y no sabemos qué expresaba la música.

Por otro lado, se trata de canciones sagradas. Quieren hablarnos de la vida humana, que conocemos bien, pero también de intuiciones sobre lo que llegamos a conocer solo en parte, por aproximación. Justamente la referencia a canciones “de iglesia» nos ayuda a comprender también esta característica general de los salmos que puede ubicarnos un poco más.

Las canciones básicamente son poemas. La poesía, como el arte en general, se comparte porque puede llegar a todos, aunque sólo surja de la experiencia individual de alguien.

 

Generalmente nuestro tiempo está acostumbrado a poemas o canciones que cuentan experiencias, tal vez  personales pero dichas en modo que puedan sensibilizar a todos. El cantante explica su amor (suponemos) por Francesca. Quien lo escucha reemplaza ese nombre y las situaciones que narra, con su nombre y sus propias situaciones. Vale decir, abstraemos esas situaciones y las hacemos nuestras.  Pero los salmos (incluso los cantos de la iglesia) a menudo hacen un trabajo diferente, es decir, ya son abstractos, nos presentan una situación ya purificada de nombres y situaciones específicas. Ya hacen por nosotros una parte del trabajo; solo que, dado que no estamos acostumbrados a este estilo, corremos el riesgo de sentirlos vagos, distantes. Por eso al rezarlos, no debemos tener miedo de identificarnos, poniendo nuestras situaciones en aquellas que se narran.

Los salmos también tienen otras características culturalmente localizadas. Por ejemplo, se nos enseña, desde los primeros meses de escuela a evitar  las repeticiones. En cambio, al mundo que escribe los salmos, le gustan las repeticiones y las usa muchísimo, especialmente para enfatizar lo que es más importante. También estamos acostumbrados a poemas y canciones que hacen uso de la rima y que tienen todos versos con el mismo número de sílabas. No encontraremos nada como esto en los salmos, no sólo porque están traducidos, sino también porque en los textos originales eran más importantes el ritmo y el número de acentos en la oración. En fin, debemos aceptar que nos enfrentamos a un estilo de escritura que no es exactamente el nuestro.

Salmos de alabanza

¿Podríamos explicar cómo se redactan nuestras canciones, sobre qué hablan? Probablemente, ante tal pregunta, responderíamos que depende de distintos factores. Hay canciones de amor, de tristeza, existenciales, de ocio, de reflexión… en realidad pueden producirse con todos los temas que imaginemos, incluso si algunos se tornan reiterativos. (En los ejemplos de canciones, ¿no se utiliza en primer término generalmente el tema del amor?)

Sobre los salmos podemos decir lo mismo. Existen diferentes tipos, y por el hecho de ser distintos obviamente  cambia la forma en que se expresan. Pero algunas temáticas vuelven con más frecuencia. Por ejemplo una parte importante de estas manifestaciones la representan los salmos de alabanza.

Si lo pensamos bien, incluso nuestras canciones, aun siendo diferentes entre sí, repiten en cierta forma las mismas palabras, modalidades expresivas, estilos, sobre todo cuando el tema es el mismo. Lo mismo ocurre en los salmos. Los himnos de alabanza son diferentes, variados, pero en general siempre vuelven a las mismas formas.

De hecho los salmos de alabanza, en lugar de alabar a Dios, invitan a otros a alabarlo haciendo referencia, a la creación, o a lo que Dios ha hecho en la historia, o a lo que se considera extraordinario en el hombre como obra de Dios. En fin, quien escribe los salmos no está fascinado tanto en la contemplación abstracta de Dios, como en  descubrir su obra en la historia. En ella descubre particularmente, su «amor y verdad» en acción, que son dos preciosas palabras del hebreo. La primera, en hebreo hesed, indica un amor gratuito y generoso, sin ventaja, el de un padre hacia su hijo; Es el típico amor de Dios, que no quiere obtener algo a cambio; en el mejor de los casos, espera a su vez ser amado.

La segunda, emet, indica, más que la «verdad verdadera», el ser confiable, el poderse contactar con nosotros. No es una coincidencia que los oídos judíos escuchen que emet es un pariente muy cercano (la misma raíz verbal de amén) palabra que también hemos importado en las plegarias y que propiamente significa «Ok, aquí, estoy, es seguro, es realmente así»: el verbo de hecho significa, «mantenerse firme, apoyarse».

Angelo Fracchia, biblista

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