El Beato Allamano y «su» Consolata

En esta novena de nuestra madre Consolata, les presentamos una hermosa reflexión sobre la relación de amor entre el Beato Allamano y la Virgen Consolata. 

Siempre es difícil describir la relación personal de amor entre dos personas: aunque eso sea algo real y vivo, resulta imperceptible para los extraños y luego se exterioriza de manera imprevisible. El amor toca una esfera que pertenece más al corazón que a la cabeza, por lo cual solo las personas interesadas pueden comprenderlo verdaderamente ¿Cómo describir entonces la relación entre el Beato Allamano y María Consolata, una relación que tiene sus raíces cuando él era estudiante en el Seminario de Turín y después se hace fuerte y permanente en el curso de cuarenta y seis años transcurridos por él en el Santuario de la Consolata?

Tres misioneros, que conocieron de cerca al Rector del Santuario, han tratado de expresar esta relación del Allamano con María Consolata. El padre Lorenzo Sales testimonia: «Un día, después de habernos hablado de la Consolata (José. Allamano), concluía: ‘¡Que quieren!… es una devoción que va al corazón. Si tuviera que contar la historia de las consolaciones recibidas de la Virgen en estos cuarenta años que que estoy en el santuario, diría que son cuarenta años de consolación. No es que yo no haya tenido sufrimientos; ¡Dios lo sabe y cuánto! Pero allí, a los pies de la Consolata, siempre se ha arreglado todo».

La Hermana Francesca G. Tempo, Misionera de la Consolata, que asistió al Allamano durante su última enfermedad, escribe sobre él: «Podemos decir que no vivió más que para la Virgen y de la Virgen. Sus pensamientos, sus deseos, sus actividades, todo lo dirigía a la mayor glorificación de la Santísima Virgen a la que, podría decirse, había consagrado toda su vida, y de quien se consideraba hijo devoto y amadísimo. Cuando hablaba de Ella se entusiasmaba tanto, casi como para transfigurarse. Él nos hablaba con frecuencia y con gran calor; nunca dejaba de mantenernos enfervorados en su honor en cada ocasión de sus Novenas y sus festividades».

La Hermana Emerenziana Tealdi, misionera en Etiopía, testimonia: «El siervo de Dios (José Allamano) nutría una devoción muy tierna hacia Nuestra Señora. Lo demostraba con las oraciones más ardientes que elevaba continuamente, mientras rezaba el Santo Rosario del cual siempre tenía a mano la corona. No le gustaba que se introdujeran otras devociones; él prefería que se recitara habitualmente el Santo Rosario; y en la comunidad introdujo la práctica de la recitación diaria del Rosario entero»…

el Santuario de la Consolata en Turín

 

LAS «CONVICCIONES» MARIANAS DEL BEATO JOSÉ ALLAMANO

La formación espiritual recibida como joven estudiante en el Oratorio Don Bosco y luego sobre todo en el Seminario Episcopal han impreso en José Allamano algunas convicciones muy profundas sobre el rol de la Madre de Jesús en su vida como cristiano y después como sacerdote. Estas «convicciones» se enriquecieron ulteriormente y se desarrollaron aún más durante sus largos años pasados ​​en el Santuario de la Consolata. Este bagaje de espiritualidad mariana el Allamano supo transmitir a sus hijos e hijas misioneros. Estas son algunas de sus expresiones familiares, tomadas de sus conferencias a los misioneros y misioneras: :

«María SS.ma es reina y como tal  es la que manda. Nuestra Señora en Dios y con Dios puede todo. Ella es la corredentora del género humano, porque sufrió con su Hijo, participó en su Pasión”.

«Necesitamos crecer siempre más en la devoción a Nuestra Señora. Nadie se hace santo si no es devoto de la Virgen. Todos los cristianos para vivir como buenos cristianos deben ser devotos de Nuestra Señora y todos los santos lo fueron desde los primeros siglos. Y cuánto más los religiosos Este es el carácter distintivo de todos los santos

«La verdadera y sólida devoción a María Santísima es signo de salvación y de santificación. Esta es la voluntad de Dios. Si somos siempre los mismos, si somos inconstantes en el bien, es porque no recurrimos con confianza a María Santísima. Si quieren salvarse, santificarse y salvar a tantas almas, uno de los principales medios es la devoción a María Santísima”.

 

EL «CORITO»: UN LUGAR IDEAL PARA UN TÚ A TÚ DEL ALLAMANO CON LA CONSOLATA.

Estoy convencido de que hay un lugar en el Santuario de la Consolata por el que no se puede pasar en silencio. Es el «corito», ubicado en la parte superior del Santuario frente a la efigie de María Consolata, donde el Beato Allamano amaba detenerse largamente en oración. Él mismo confesaba a sus misioneros que ese era un rincón privilegiado de su oración, porque estaba situado cerca de los objetos más queridos por su corazón: el tabernáculo de Jesús Eucarístico y la imagen de la Consolata. Allí, ante la imagen de María, multiplicaba los rosarios, las súplicas y los suspiros que ya ritmaban sus jornadas, especialmente cuando pensaba en sus hijos e hijas misioneros en las lejanas tierras de África.

El corito se había vuelto así para Allamano, el refugio buscado para profundizar con la Consolata las decisiones importantes a tomar o los problemas urgentes para resolver. Aquí, frente al icono de María Consolata, el tiempo ya no contaba más para él. Da fe Cesare Scoveró, persona que servía en el Santuario: «Cuando yo lo buscaba y no lo encontraba en su habitación o en su confesionario, estaba seguro de encontrarlo en oración en esos coritos del Santuario, que, dada su ubicación distante a pocos pasos de su habitación, le ofrecían la ocasión propicia para expandir su corazón en fervorosa oración».

Ese corito aún hoy habla de la importancia del silencio, de la soledad, de la oración prolongada a la que todo cristiano debería frecuentar si desea crecer en su relación de amor con Dios y con su Madre.

 

EL «TESORERO» Y EL «SECRETARIO» DE LA CONSOLATA

Finalmente, agrego un  inocente pero valiente «pretexto» que el Allamano tenía en la relación con «su» Consolata. Los cuarenta y seis años que pasó en el Santuario lo llevaron a convencerse a sí mismo de que entre él y la Consolata había habido un verdadero entendimiento y colaboración. Usaba los términos «tesorero» y «secretario» hablando a las misioneras cuando ya estaba adelantado en años. «Tesorero» sí, pero sobre todo «secretario» para tomar nota de los favores que Dios hacía por la intercesión de la Madre de Jesús. Estaba convencido de que María era la Corredentora junto a su Hijo y la Mediadora de todas las gracias.

Durante la Novena de la Consolata en 1922, mientras se esperaba un milagro por intercesión del Siervo de Dios José Cafasso, le dijo así a las misioneras: «Oren a Nuestra Señora para que nos haga este regalo. Pero después, no perderemos la paz si Nuestra Señora decide no dárnoslo. Básicamente yo soy aquí (en el Santuario) tesorero, secretario, y debería tener el derecho de tomar las principales gracias y en cambio… Todos vienen a decir: Yo he recibido esta gracia..; Yo he tenido  esto… ¿Y yo?  Yo registro siempre…. Pero oren para que el Señor haga su santa voluntad: y luego, ¡está todo allí!»..

El Beato Allamano continúa hoy desde el cielo la tarea de tesorero y secretario con respecto a aquellos que, aunque están abiertos a la voluntad de Dios, ruegan por obtener de Dios favores especiales y gracias por la intercesión de la Madre de Jesús y Madre nuestra.

P.Piero Trabucco, imc

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