Era feliz de pertenecer a Dios

Retrato hermoso de la Hna Luisa Piera, la «hermana universal»

A la hermana Luisa Piera Soldati le gustaba definirse como «hermana universal» y, de acuerdo con los testimonios de quienes la conocieron de cerca, realmente lo fue. De hecho, en su vida amó a a todos: hermanas, personas amigas, religiosas de otras congregaciones, especialmente a las hermanas Teresinas, a los pobres y, particularmente, a los jóvenes.

La hermana Casimira Manella, en el libro dedicado a ella, la presenta como «mujer de las Bienaventuranzas» y en realidad esta humilde pero gran misionera vivió las bienaventuranzas de un modo radical y entusiasta.

Nacida el 30 de mayo de 1930 en Corno Giovine (Mi), Gesualda, (este es el nombre de bautismo) entra entre las Misioneras de la Consolata el 14 de octubre de 1947, y con la la vestición del hábito religioso toma el nombre de hermana Luisa Piera.

Después de haber emitido sus primeros votos, sigue un curso quincenal de ciencias domésticas en la escuela «Santorre di Santarosa» en Turín. Aprobados los exámenes finales, es enviada a Inglaterra, donde permanece durante tres meses para aprender las primeras nociones de la lengua inglesa.

En 1956 le llega la muy deseada noticia de la destinación misionera: en Kenia. Fue precisamente en ese año que había sido sofocado el levantamiento del Movimiento Mau Mau contra los colonizadores ingleses. El conflicto habría durado hasta 1964, cuando Kenia adquirió su independencia y entró a ser parte del Commonwealth británico. El primer presidente fue Jomo Kenyatta, que había sido uno de los líderes de la lucha contra el dominio colonial.

Después de algunas semanas de su llegada a la misión, es enviada por sus superioras a la escuela «Santa Cecilia», que se encontraba a pocos kilómetros de la ciudad de Nyeri, en una zona llamada Mathari. La escuela, querida por Mons. Cavallera IMC, tenía como objetivo formar maestras católicas capaces de promover la dignidad de la mujer mediante una educación amplia y prometedora para el futuro.

La hermana se ambientó muy pronto en el nuevo contexto, acogiendo con gran amor a las maestras que llegaban para su entrenamiento. En esta tarea, nuestra misionera tuvo la oportunidad de manifestar una esas características que fueron la base de su personalidad: el espíritu de servicio. Cuando llegaban las maestras ella las acogía con amor fraterno y, tomando sus maletas pesadas, las acompañaba a los dormitorios, despertando gran asombro por la inusual acogida, caracterizada por la humildad y motivada por la elección de la pobreza y una profunda fe.

Las otras etapas de su apostolado en Kenia fueron: la Escuela Superior de Mugoiri y el Centro de Getoro, en la zona del Meru, donde la hermana Luisa Piera fue enviada como responsable de comunidad de las hermanas empeñadas en la escuela maternal y en la primaria, en el centro comunitario, en la enfermería y consultorio dental, además del centro para el apostolado juvenil. Aquí, también, se distinguió por su espíritu de servicio. Una Hermana escribe: «La hermana Luisa Piera no aceptaba ningún tipo de servicio para ella, pero siempre estaba al servicio de todos. Para ella, todas las personas eran iguales: no prestaba atención a las clases sociales, a los intereses personales, ni a razas diferentes».

Otra característica de la hermana Luisa Piera fue su amor y práctica de la pobreza.

De ella testimonia una hermana: «incitaba a las estudiantes y a las maestras a pensar activamente en los pobres, en los prisioneros, en quien estaba enfermo en el hospital y de estas personas seguía muy de cerca el crecimiento, animándolas y creando oportunidades para iniciativas que los comprometieran» Ella veía a Jesús pobre en cada africano pobre.

En 1969 se abre una nueva etapa en la vida misionera de la hermana Luisa Piera, que es destinada a Tanzania, como responsable de las hermanas de esa Región, encargo que mantendrá por  doce años. El 1 de mayo del mismo año llegó a Iringa, una ciudad situada en el centro de una zona montañosa volcánica ubicada aproximadamente a unos 600 kilómetros de la capital, Dar-es-Salaam. No tenía consigo ni una maleta, solo dos bolsas. «Entendimos de inmediato – afirma una hermana – que era una persona esencial».. Después de una corta estadía en Iringa, fue para Tosamaganga, sede  de la entonces Casa Centrale. Las hermanas notaron que a la hermana Luisa Piera no le gustaba Tosamaganga. «Es un ambiente muy hermoso», decía, «pero demasiado cerrado y alejado de la gente y de sus problemas». Después de haber expuesto su deseo al obispo de la diócesis de Iringa y ponerse en contacto con las autoridades locales, se le concedió el permiso para construir una casa en una zona llamada Kihesa, a unos 20 kilómetros de Tosamaganga en la perifería de la ciudad de Iringa, cercana a un asentamiento de casas africanas.

La hermana Luisa Piera comenzó a visitar las viviendas de los africanos y alguna hermana interpretó estas visitas como un escape de la comunidad. Una de ellas dijo: «Nosotras teníamos dificultad para entender que ella quería una participación de todas las hermanas en la acción más directa y más en contacto con la gente, especialmente con los pobres y su realidad. La hermana Luisa Piera amaba mucho a las hermanas, pero no compartía sus métodos que consideraba poco o nada significativos para una presencia misionera evangélica».

Un interés particular y afecto nutrió la Hna. Luisa Piera por los jóvenes, entre los cuales desarrolló su apostolado al regresar a Italia, en 1980. Una hermana da testimonio de cómo la vida alegre de la hermana Luisa Piera era comunicada a los jóvenes: «Conocer a la Hna. Luisa Piera fue muy importante para mi vida. Al primer encuentro siguieron otros… Cada vez estaba más disponible y acogedora, siempre sonriente y con una grande paz. En ella, percibí a una mujer realizada en su vocación, feliz de pertenecer a Dios. Después de su muerte, decidí entrar con las Misioneras de la Consolata. Su presencia no disminuyó con su muerte, sino que quedó muy viva en mi vida y me impulsa a realizar esa radicalidad evangélica que la Hna. Luisa Piera vivía con pasión y a tratar de ser una misionera entusiasta como ella «.

 

 

Publicado en África, Instituto y etiquetado , .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *