Aprendiendo vida (parte segunda)

El Sol para el pueblo andino y para la fe cristiana: seguimos con la reflexión misionera de la Hna Palmira que recuerda el Viernes Santo en Poopó

Llegando a la cumbre junto de la cruz se experimenta fuerte el eco de los cerros y la grandeza del silencio que te conecta con tu realidad más profunda, y en la medida en que vislumbra el día se obtiene una mirada distinta de la propia vida y la vida del pueblo, se amplía el horizonte.

Envueltos en esta majestosa experiencia de silencio la gente empieza a dar vueltas de rodillas alrededor de la cruz ofreciendo el incienso como oración de alabanza y gratitud a Dios por su Misericordia y perdón. Propio como dice el Salmo 141 (Sea puesta mi oración delante de Ti como incienso, El alzar de mis manos como la ofrenda de la tarde.) 

Pero lo más sorprendente fue cuando por pequeños grupos o familias se reúnen para el pijcheo de la “coca hoja sagrada” en esta cultura, y luego preparando el fuego (El fuego es un elemento importante para las culturas andinas, ya que representa al Tata Inti o padre sol, el que proporciona calor, energía y alimento para la tierra y los seres humanos.) en la espera del amanecer que llega exuberante con sus rayos luminosos que abraza la realidad en la que estamos sumergidos y nos revela la grandiosidad del amor del “Tata Dios”.

Verdaderamente es un espectáculo ese momento del amanecer del Sol …. Es el pasaje de la noche a la luz del día en el cual imana una fuerte explosión de luz que con su energía recrea, renueva la vida, y restaura la armonía y el equilibrio. Así lo sienten los pueblos Andinos desde su cosmovisión. El Sol es, para los andinos: el astro rey, y es objeto de culto “adoración”. Pero no como a un dios, sino como al mentor de toda la vida sobre la tierra. Sus rayos evaporan las aguas que forman nubes, el diferente caldeamiento de la tierra, producido por el Sol, origina vientos que arrastran esas nubes, estas se desvanecen en lluvias y nieves, las cuales riegan las plantas de bosques y campos, que se engalanan con hojas y flores, produciendo cosechas y frutos.  Al Sol se debe el preciado bien de la vida, pues esta sería imposible sin su luz y su calor.  ( El 21 de junio marca no solo la repetición anual de un ciclo de actividades agrícolas y sociales, sino que equivale a la paz espiritual y a la bendición material que el Creador del Universo dispensa al mundo, en ese día a través de los primeros rayos solares.  Por ello, recibir las bendiciones del Dios Sol, mejor conocido como Inti, es recibir la armonía en nuestros hogares, la felicidad con los seres amados y toda suerte de abundancia en nuestras vidas.)

Esta constatación me lleva a la experiencia del Domingo de Pascua…. Jesús   resucitado es cuando más resplandece como el sol. Como el sol “muere” ocultándose por la tarde en occidente y vuelve a “nacer” por la mañana en oriente, así Cristo se levanta de entre los muertos.  Desde la experiencia del sol para los pueblos Andinos, podemos también nosotros reafirmar la grande importancia del sol y lo relacionamos con Jesucristo. El sol es de vital importancia para la tierra y para la vida natural, Jesús también es una especie de Sol para la humanidad, para el mundo y para la vida de quien cree en Él; Él ilumina el mundo disipando tinieblas, entre ellas las del error. Hablar del sol como algo parecido a Dios es un recurso que la Sagrada Escritura usa para hablarnos de lo que es Dios para la vida y para el hombre. Por esto la Iglesia, y sin ánimos de promover algún culto idolátrico al astro rey relacionándolo con Dios, se basa en el precedente bíblico que ve al sol como símbolo de Jesús, quien es luz que da vida y brilla en las tinieblas (Jan 1, 4-5):  Dios es Luz (1 Jan 1, 5). Podemos ver más concretamente, algunas citas que nos confirman la relación entre el sol y Jesucristo.  “Pero, en cambio, para ustedes que respetan mi Nombre, brillará el sol de justicia, que traerá en sus rayos la salud” (M 3, 20).

“La ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero” (Ap. 21, 23).

De manera especial se habla de Jesús como sol cuando Zacarías habla de Él en el benedictus:   “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc  1, 77b-79).

Podemos además ver Jesús resplandece “brillante como el sol” en el episodio de la transfiguración (Mt 17, 2). Y cuando muere el Señor en Cruz, dice la Sagrada Escritura, el sol se eclipsó (Lc  23, 45).

Pensando en san Francisco de Asís en su cántico de las creaturas nos habla del sol como una creatura de Dios que nos ayuda a entender cuán es importante Dios para el ser humano. San Francisco dice: “Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación”.

San Francisco hace pues una distinción entre Dios y el sol. San Francisco se dirige a Dios, alabándole por crear al “hermano Sol”; él no ora al sol como si fuera Dios. Y san Francisco termina diciendo que el sol “habla” de Dios, lo que significa que el brillo del sol es algo parecido a la Gloria de Dios. El sol puede parecerse a Dios en su resplandor, pero no es Dios.

Comprender y adentrase en la grandiosidad de la cosmovisión Andina es tomar conciencia de un complejo saber de vida enmarcado dentro de las leyes de la naturaleza y abrir la mente a una profunda espiritualidad natural en donde la naturaleza, las divinidades, los ancestros y el ser humano se transforman en una sola comunidad.

Al Gran Espíritu del Este:

“¡Oh!, Gran Espíritu del Este, radiación del sol naciente, espíritu de los nuevos comienzos, ¡Oh!, Abuelo Fuego, gran fuerza nuclear, del sol, el poder de la energía de  vida, chispa vital, el poder de ver a lo lejos y de imaginar con valentía, el poder de purificar nuestros sentidos, nuestros corazones y nuestras mentes”. “Oramos para alinearnos contigo, para que tus poderes puedan fluir a través de nosotros y sean expresados por nosotros por el bien del planeta Tierra, y de todas las criaturas que lo habitan”.

Se representa el transcurso del tiempo en el espacio de esta forma, por ejemplo en la  interpretación de un día, en el alba el sol nace en el este, sube sobre las pequeñas montañas y quebradas durante la mañana, descansa encima de las montañas y laderas centrales en el mediodía y sube a la cima de la montaña donde muere en el oeste. Durante el crepúsculo el sol se lo traga el lago o el mar, este se hunde hasta el fondo y desciende nadando por los manantiales, de donde sale  el sol joven. Se utilizan analogías de la vida humana y de las plantas para explicar el diario nacimiento y muerte del sol . En el solsticio de invierno el sol se distancia hacia su punto más lejano. El sol se muere para luego volver a nacer. Ha comenzado el nuevo ciclo, lo que en el mito aparece como el retorno del sol (Wilka Kuti).

Hna Palmira, mc

Publicado en América, Bolivia, espiritualidad misionera.

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