El significado de la palabra «discípulo»

La palabra «discípulo» es usada muchísimas  veces en el Nuevo Testamento. De hecho, aún antes de ser nombrados «cristianos», los seguidores de Jesús fueron llamados «discípulos»: «Fue en Antioquía, donde por primera vez, los discípulos fueron llamados cristianos» (Hechos 11:26).

Pero el discipulado no tuvo inicio con Jesús. Un discípulo es uno que va a estar cerca de un «maestro» reconocido para adquirir conocimientos o habilidades. (Efectivamente, la palabra traducida «discípulo» en nuestra Biblia, mathetes, deriva directamente del verbo manthanein, que significa «aprender»).

Los discípulos habitualmente solían ir a vivir a la casa del «maestro», y también le servían en los trabajos más humildes. Esta es la posición descrita por el apóstol Pablo cuando dice que ha sido «educado a los pies de Gamaliel«, es decir, del más famoso y respetado maestro de la Ley de su tiempo (Hechos 22: 3, ver 5:34).

En el antiguo testamento

El discipulado tiene profundas raíces en el Antiguo Testamento. Moisés, por ejemplo, tuvo la atención de elegir y formar a su sucesor, Josué. Luego cuando Dios le dijo que no se le permitiría llevar a Israel a la tierra prometida, todavía pudo estar tranquilo, sabiendo que tenía un digno sucesor en su discípulo.

Nos encontramos  por primera vez con Josué en Éxodo 17, cuando Moisés le encomienda el comando del ejército israelita en la batalla contra Amalec. Evidentemente no era un niño! Sin embargo, después de esto, se convierte en «ministro» o «siervo» de Moisés (Éxodo 24:13), y desde ese momento lo acompaña donde quiera que vaya. Lo encontramos con Moisés en el Monte Sinaí (24:13), en sus conversaciones personales con Dios en la «tienda del convenio» (Éxodo 33:11), y cuando pronuncia la bendición profética sobre el pueblo (Deut. 32:44). En cierto momento, se le hace partícipe de la misma autoridad que Moisés (Números 27: 18-23), y al final queda establecido como su sucesor: «y Josué, hijo de Nun, fue colmado del espíritu de sabiduría, porque Moisés había impuesto las manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron»(Deut 34: 9). Al final, el «discípulo» se transformó como su maestro (ver Lc 6, 40).

Otro ejemplo bien conocido de discipulado en el Antiguo Testamento es el de Elías con Eliseo. Después de su fuga en el desierto, Elías recibe de Dios la orden de ungir a Eliseo «como un profeta en tu lugar» (2 Reyes 19:16); y es lo primero que hace. Pero a Eliseo no le bastó la llamada y la unción divina: «Él se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio» (v. 21). Abandona todo para convertirse simplemente en «el que derramó agua sobre las manos de Elías» (2 Reyes 3:11).Eliseo sigue un largo aprendizaje con Elías, y solo después de su desaparición se convierte en profeta en su lugar, de acuerdo con el llamado de Dios, y recibe la «doble porción de su espíritu», es decir, la porción del primogénito, del legítimo heredero (cf. Deut. 21:17) que le permite obrar los mismos milagros que su maestro.También Abraham, «padre de todos los creyentes» (Rom. 4:11), es un ejemplo de discipulado. En Génesis 18:19, Dios explica la razón por la que eligió a Abraham: «Yo lo he elegido para que ordene a sus hijos, y después de él su casa, que se adhieran al camino del Eterno para practicar la justicia y ‘equidad, para que el Eterno realice lo que ha prometido a Abraham«. Dios eligió a Abraham porque vio en él a un hombre capaz de transmitir a sus descendientes lo que le había confiado. De lo contrario, el plan de Dios se habría quebrado.

 

El ejemplo de Jesús

Todos conocen el principio adoptado por Jesús para cumplir su misión: eligió a doce hombres «para tenerlos con él y enviarlos a predicar…» (Mc 3, 14-15). A estos doce les dedica lo mejor de su tiempo, de sus energías y de sus oraciones, para que después de su partida, pudieran continuar su misma misión y extenderla «hasta los confines de la tierra«.

Después de su resurrección, a éstos discípulos Jesús les dio la siguiente orden: «Vayan… y amaestren a todas las naciones… enseñándoles a cumplir todas las cosas que les he mandado» (Mateo 28: 19-20). La palabra amaestren es traducción  de matheteusate, de la misma raíz que mathetes, «discípulo», es decir, hagan discípulos a todos los pueblos de la tierra.Por lo tanto, Jesús les ordena a sus discípulos que se multipliquen, para llevar su mensaje a «todas las naciones» y «hasta los confines de la tierra» (Hechos 1: 8), ¡una tarea que obviamente es demasiado grande para doce hombres solos! Y notemos de qué manera se podrá cumplir este «mandato»: «enseñándoles a observar todas las cosas que les he ordenado». Por lo tanto, no «enseñando» solo un conocimiento teórico de la Palabra de Dios, sino «enseñándoles a “poner en práctica» lo que se les enseñaba, a través de la instrucción, la aplicación concreta, la corrección y la disciplina, en una palabra, el ¡discipulado!

 

En la iglesia primitiva

Los discípulos no fallaron en la tarea, a pesar de las dificultades causadas por la gran afluencia de nuevos convertidos en la iglesia en el día de Pentecostés y después. Los apóstoles no se limitaron a instruir a los nuevos creyentes, sino que «todos los que creyeron estaban juntos… y todos los días iban asiduamente y concordes al templo, partían el pan en las casas y comían juntos…» (Hechos 2: 44-46 ). El mismo método es seguido más tarde por Pablo en su obra misionera. Él describe los métodos utilizados durante su estadía en Éfeso: «Ustedes saben cómo siempre me he comportado con ustedes… como no les he ocultado ninguna de las cosas que les eran útiles, y les he anunciado y enseñado en público en sus casas «(Hechos 20: 18-20).

Por lo tanto, no se limitó a una instrucción teórica en la Palabra de Dios, sino que entraba en las casas de los creyentes y particularmente de los ancianos de la iglesia, a quienes dirigía este discurso, para «enseñarles a poner en práctica» las cosas indicadas por Jesús.

Pero más aún, los apóstoles, custodios de la herencia espiritual del Maestro, se preocuparon de formar especialmente personas que se convirtieran en sus herederos y sucesores. El ejemplo más conocido es el de Pablo con Timoteo y Tito a quien llama su «hijo» espiritual (Tito 1: 4). Después siguió a un grupo de otros colaboradores que viajaban con él y se convirtieron luego en sus herederos espirituales: Títico, Epafras, Lucas (Col. 4: 7,12,14); Epafrodito (Fil 2:25); Sopatro, Aristarco, Trofimo y otros (Hechos 20: 4).

También Bernabé, y más tarde Pedro, formaron como su «aprendiz» a Marcos, el autor del segundo Evangelio (Hechos 13: 5, 15:37; 1 Pedro 5:13); y Juan le escribió a Gayo llamándolo su «hijo» espiritual (3 Jn. 41-4).

Pablo y Timoteo

Pero es a partir de la relación entre Pablo y Timoteo que vemos más claramente cómo funcionó el discipulado en la primera generación de la Iglesia. Timoteo aún era muy joven cuando fue recomendado a Pablo por los hermanos de su iglesia original, Listra (Hechos 16: 1-2).

No parece que haya habido en esta etapa un «llamado» particular a Timoteo por parte de Dios: simplemente está escrito que «Pablo quiso que partiera con él» (v.3), como antes está escrito que Pablo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo , «tenían con ellos a Juan (Marcos) como ayudante» (13: 5). Por lo tanto, Timoteo viene «formado» por Pablo para llevar a cabo las tareas que se le encomiendan; tareas de mayor responsabilidad (1 Tes. 3: 2, 1 Corintios 16:10, Fil. 2:19, 1 Tim. 1: 3), y es a él a quien Pablo, antes de morir, le dirige su última carta llamándolo «mi querido hijo» (2 Tim 1: 2) y confiándole la continuación de su propia obra. Es en esta carta a Timoteo que Pablo expone su estrategia para el futuro de la Iglesia: «Las cosas que has escuchado de mí en presencia de muchos testigos, confíalas a hombres fieles que sean capaces de enseñarlas también a otros» (2: 2) ).

Aquí se habla directamente de cuatro «generaciones» espirituales. Pablo (1) había entregado todo su patrimonio espiritual a Timoteo (2), no solo con palabras, sino también con el ejemplo: «has seguido de cerca mi enseñanza, mi conducta, mis propósitos, mi fe, mi paciencia, mi amor, mi constancia… Persevera en las cosas que has aprendido, sabiendo de quién las has aprendido «(3: 10,14). Timoteo, a su vez, debe «confiarlos a hombres fieles» (la 3º generación), quienes tendrán que ser fieles para poderlas custodiar inalteradas y confiarlas a su vez a la generación sucesiva  (la 4º) .

 

El futuro de la Iglesia

Es claro, por lo tanto, que el discipulado no solo es bíblico, sino que también debe ser hoy un diseño fundamental para la Iglesia. Si creemos que el cristianismo es «vida» y no solo «doctrina», la enseñanza impartida desde el púlpito, en los estudios bíblicos, en los seminarios y en las escuelas bíblicas nunca será suficiente para formar a los creyentes y a los futuros misioneros. El método de Jesús también debe ser nuestro método.

Si. Tenemos necesidad de dar a la próxima generación, en el contexto de la vida, y no de un aula de religión o de catequesis todo lo que hemos aprendido en el Espíritu Santo, «enseñándoles a observar todas las cosas que Jesús nos ha ordenado».

Hna Renata Conti, mc

Publicado en espiritualidad misionera y etiquetado .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *