Llevar la luz del Resucitado a los no cristianos

La hermana Leah es una joven misionera de Kenia que trabaja en Yibuti. En estas líneas nos describe con entusiasmo su apostolado de evangelización entre los no cristianos.

Yibuti es un país del Cuerno de África. Limita con Somalia al sudeste, Eritrea y el Mar Rojo al norte y nordeste, Etiopía al oeste y al sur, el Golfo de Adén al este. Los habitantes son algo más de 900.000. La Constitución del país garantiza la libertad de religión, aunque el Islam es la religión del estado con un 94% de seguidores, mientras que los cristianos son solo el 6%. Los idiomas hablados son somalí, afar, francés y árabe.

Recibí mi destinación misionera para Yibuti en diciembre de 2015. Me sentí muy feliz y quería llegar a esta misión entre los no cristianos lo antes posible, ya que es una parte esencial de nuestro carisma como hermanas Misioneras de la Consolata. Comencé a prepararme estudiando el francés en Nairobi y en noviembre de 2017 partí con el corazón lleno de alegría.

Mi compromiso inicial fue el de integrarme en este pueblo, tratando de hablar su idioma y profundizando su cultura.

Nuestra comunidad está ubicada en la región de Ali Sabieh, una de las cinco regiones del país, donde la mayoría de las personas hablan somalí y francés. Aquí realizamos muchas actividades, como medios indirectos de evangelización, dando prioridad al diálogo interreligioso con los musulmanes.

Tres meses después de mi llegada, se me ha confiado la responsabilidad de una de las cinco escuelas presentes  la Diócesis de Yibuti. Se llama LEC, abreviatura que significa «Lire» «Écrire» «Calculer», palabras que significan «leer», «escribir» y «calcular». El objetivo de este tipo de escuelas  es brindar a los estudiantes la oportunidad de ingresar a una escuela pública. De hecho, algunos de ellos no tienen documentos o provienen de zonas rurales donde no hay posibilidad de instrucción o bien que antes no han tenido conciencia del valor de la escuela. Los estudios realizados en la LEC les brindan a los alumnos la posibilidad de realizar sus sueños.

En nuestra escuela de Ali Sabieh, tenemos 230 alumnos, de 8 a 24 años. Mi tarea es la de acompañar a los maestros, a los estudiantes y a sus padres en modo que, todos juntos, podamos alcanzar la meta. Siento una gran satisfacción cuando quienes asistieron a esta escuela y logran ingresar al sexto año de la escuela pública vienen a compartir conmigo su alegría de poder progresar en el camino de la educación. Me impresiona también el entusiasmo de quienes asisten al tercer  año y esperan unirse en el futuro a los estudiantes de sexto año. Ellos estudian con determinación, aunque algunos ya no son muy jóvenes, sino más bien adultos jóvenes.

Como misionera en Yibuti, anuncio el Evangelio a través de mi testimonio de vida y comparto muchos aspectos con los maestros, con los alumnos y sus padres. Una verdad que nos une a todos es nuestra fe en Dios y es así como las hermanas podemos transmitir los valores del perdón, el amor, la unidad y la paz. A través de la escucha de sus dificultades y de sus desafíos cotidianos, tratamos de ofrecer una palabra de consuelo y de donar esperanza y serenidad.

Me conmovió cuando, al acercarse nuestras fiestas de Navidad y Pascua, los maestros y estudiantes nos enviaron un mensaje de augurio a nosotras y a los cristianos de Yibuti: aunque son musulmanes, reconocen nuestras fiestas. Los habitantes de Yibuti son personas muy abiertas y acogedoras. Cuando llegué, me dieron la bienvenida colocando sobre mi cabeza un paquete de dulces, como es habitual en su cultura. También me dijeron que, en el caso que yo necesitara su ayuda, siempre estarían dispuestos a reunirse conmigo, independientemente de mi nacionalidad o de mi religión.

En mi vida, sigo experimentando el consuelo y el amor de Dios y lo comparto con los otros, en fidelidad a nuestro carisma de «anunciar el Evangelio a los no cristianos». La religión de esta gente puede seguir siendo la misma, pero el corazón cambia cuando el bien se hace bien y con amor, como nos enseñaba nuestro Fundador.

Nuestra parroquia de Ali Sabieh está formada solo por 20 personas, incluyéndonos a nosotras las hermanas, y al sacerdote diocesano, que proviene del Congo. Cada día tenemos la oportunidad de participar en la Santa Misa y, viviendo en comunión entre nosotras, creemos que la luz del Cristo Resucitado está presente en este territorio. El compromiso que el pequeño grupo de cristianos tiene con la Iglesia realmente me conmueve.

Hna Leah Muthoni, mc

Publicado en África, Yibuti.

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