Cómo la Hna Prisca leía al Allamano/2

Seguimos la interesante reflexión sobre la relación de la Hna Prisca con el Beato Fundador José Allamano 

También constataciones y reflexiones. A menudo, el pensamiento del Allamano le inducía a la Hna Prisca a alguna reflexión particular. Sobre la incidencia de los familiares en la vocación, el Fundador menciona el texto de Mt 10.37: «El que ama al padre o a la madre más que a mí no es digno de mí» y ella, muy encariñada con su familia, se limita a escribir al margen: «Entiendo», lo hace con dos líneas verticales al lado del texto y sin otros comentarios (p.16). ¡Se nota que ha sido tocada! Cuando habla de la tibieza, el Fundador afirma: «Porque, vean, si no la tibieza habitual, al menos por unos días o semanas, podemos tenerla», y ella enfatiza y postula: «Desafortunadamente» (p.105). Ante el consejo del Fundador de «pedir al Señor la gracia de conocernos bien» a nosotros mismos, comenta cándidamente: «Algo muy difícil» (p.106).

Donde el Allamano indica como la causa de la relajación espiritual «Obrar sin reflexión o con un propósito puramente humano», ella comenta: «Esto puede ser una tentación: creo que es suficiente hacer actos frecuentes de buena intención, incluso si en el mismo acto no pensamos en el fin sobrenatural». «(p.108). Del mismo modo, cuando el Fundador observa que «A veces nos parece que queremos superarnos, pero nos falta la voluntad de hierro», ella subraya y comenta: «Muchas veces la voluntad de hierro puede estar sacudida por la el cansancio a causa del estudio, para los exámenes.» (P.108). ¡Sin duda algún comentario hecho durante los años de estudio universitario! También en este aspecto los ejemplos son muy numerosos. Sin embargo, la Hna. Prisca no se contentaba con reflexionar sobre el espíritu del Fundador, sino que se centraba en lo práctico y se proponía empeñarse en vivirlo con  coherencia.

Por un compromiso de vida. La Hna Prisca era consciente de que el Fundador le hablaba a ella y se sentía interpelada personalmente. Donde el Allamano especifica que «El Instituto no fue fundado y existe solo para formar a Misioneros de la Consolata, con exclusión de cualquier otro fin, aunque sea santo», ella subraya la última frase y escribe al margen: «no nunca he pensado en la posibilidad de esto – Tengo que convencerme a mí misma que es más perfecto proponerse un solo fin y lograrlo, antes que emprender cien cosas aunque todas sean santas. Precisamente yo siempre he hecho lo contrario, culpando a los que no actuaban como yo, considerándolos como egoístas y cerrados” (p.42). E inmediatamente después, ante la sugerencia: «En fin, pensar en hacer bien la acción actual», ella subraya y propone: «Es un poco difícil, pero trataré de hacerlo» (p.97). Cuando el Fundador explica en qué consiste la tibieza, ella anota: «No creo que me encuentre habitualmente en este punto. Alguna vez sí: cuando tenemos que hacer alguna obediencia extraña «(p.108). Una vez más, donde el Fundador aconseja la vigilancia contra las «insidias diabólicas» para vencer las tentaciones, ella observa: «Puede ser que en este punto soy poco vigilante. Pero tal vez baste la disposición general de la mente pero tendré que estar más atenta»(pág.111). Hablando de la «voluntad enérgica» como condición para la santidad, el Fundador afirma que algunos «no rechazan la santidad, pero que no cuesta esfuerzo», y ella, poniendo una flecha apuntada a la palabra «esfuerzo», escribe: «Tal vez en muchas cosas yo soy perezosa, pero creo que no lo soy en este punto, más bien para la Cuaresma quiero fortalecer mi voluntad en todo «(p.116). Y, un poco más adelante, cuando el Fundador dice que «voluntad constante» significa no perder el aliento, ella observa: «Creo que tengo esto, aunque no siempre con la misma intensidad» (p.117).

Incluso dudas, interrogantes, precisiones. Algunas veces la Hna. Prisca encontraba difícil compartir plenamente el pensamiento del Fundador. Entonces, simplemente se interrogaba o incluso avanzaba en alguna aclaración. Ante la insistencia en la intención exclusiva de querer hacerse misioneros de la Consolata, se pregunta: «Pero entonces, ¿es tentación la compasión por la gente de aquí, el deseo de ayudarlos?» (P.43). Cuando, durante la oración, viene a la mente un problema, el Fundador sugiere no interrumpirlo «para tomar notas, o mantener la mitad de la atención en la oración y la otra mitad para mantener la cosa viva en mente»; ella interviene: «No entiendo bien. ¿No sería más sencillo tratarlo amigablemente con el Señor?» Aunque no como una distracción «(p.97). Hablando del pecado venial, el Fundador afirma que su malicia «debe medirse en relación con Dios que es ofendido», y ella, subrayando: «No me gusta tanto este pensamiento antropomórfico de Dios que se ofende. Pero tal vez «ofendido» está en sentido de la disminución de la gloria externa a la que toda criatura debe tender, perfeccionándose cada vez más «(p.109). Con respecto a la necesidad de corregir el propio carácter, el Fundador aconseja «no tener miedo de examinarnos a fondo», y ella: «Cuanto más a menudo te examinas a fondo, más aumenta en ti  la sensación de disgusto contigo mismo y menos entiendes» (p.119). El Fundador, hablando de la soberbia, da este consejo: «Digamos en nuestro corazón o ante el Santísimo Sacramento. Sacramento: «¡Es cosa tuya!… ¡Dios solo! … ¡Soy un sonso! …»; ella comenta así: «¡Soy lo que soy por la gracia de Dios! San Pablo ».

Como conclusión, me gustaría señalar que este método de conversación por escrito revela de alguna manera ya sea el carácter como la personalidad espiritual de quienes lo siguen. Sin embargo, no hay duda de que expresa una «participación» personal, plena y positiva de la persona con el Fundador. Frente a estas páginas, ¿cómo no decir que la Hna Prisca se ha formado realmente con el acompañamiento efectivo y continuo del Fundador? Puede ser una indicación para aquellos que intentan seguir el espíritu del Allamano.

Postulador de la Causa de Canonización del Beato José Allamano

Traducido al castellano del sitio http://allamano.consolata.org

Publicado en espiritualidad misionera.

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