Nuestro Tío Santo

Tío y sobrino

Fue una semana llena de muchas emociones: en cada rincón de nuestro mundo misionero nos preparamos a la fiesta de nuestra madre querida, la Virgen Consolata. Y ahora miramos a nuestro Tío Santo, que se celebra mañana, día 23 de junio: San José Cafasso.

¿Conoces su vida?

José Cafasso nació en 1811, y era hermano de la mamá de nuestro Fundador, el Beato José Allamano. Fue él quien nos lo “regaló” como Tío, modelo de santidad e intercesor.

Con 21 años ya era sacerdote, y siempre se distinguió por su santidad. Fue formador de muchos sacerdotes, y entre ellos hubo varios santos, entre los cuales San Juan Bosco.

Fue conocido como el “cura del patíbulo”, porque acompañaba a los condenados a muerte. Muchos se arrepintieron de sus crímenes y se convirtieron, por su oración y su testimonio de santidad. Murió en 1860.

Dicen que el Beato Allamano, su sobrino (que encontró al tío una sola vez, cuando era niño), le parecía, seguramente nuestro santo Fundador lo tenía como modelo. Siguió la causa de beatificación y tuvo la dicha de participar a la ceremonia en Roma, cuando ya era anciano, en 1925.

Lo propone como modelo a sus hijos e hijas. Las referencias son frecuentes en las charlas que el Beato José Allamano daba a las jóvenes misioneras:

Es modelo de caridad: “Decía Cafasso: si no fuera para comer y dormir, ¡cuánto tiempo más habría para hacer el bien!”

Es modelo de oración: “Cafasso decía: tengo pena de los sacerdotes que tienen demasiado trabajo… si se ora más, se trabaja más, se estudia más…”

Es modelo de vida: “Las quiero extraordinarias en las cosas ordinarias. El Cafasso era una persona extraordinaria en el ordinario. Si se examina cada acción de su vida, no se ven cosas extraordinarias. Pero si se unen todas las cosas que hacía en su vida, verán que era un hombre extraordinarias en las cosas ordinarias.

Se entiende que los ideales de vida que Allamano propone a sus hijas fueron vividos por su tío Cafasso, pero también por él. Un día el Beato Allamano dijo: “Del Cafasso decían que su presencia y pocas palabras suyas daban tranquilidad al alma”  Lo mismo dicen de él en el proceso para su beatificación.

O sea: ¡de tal palo, tal astilla!

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