Cuatro charlas con la hermana Mary Agnes

Mañana empieza el Sínodo para la Amazonia, y tenemos la alegría de ver entre los participantes a nuestra Hna Mary Agnes, de la misión de Catrimani con el pueblo Yanomami. A ella le preguntamos sobre su experiencia misionera y sobre la importancia del Sínodo para los pueblos indígenas de Amazonia. 

Hermana Mary Agnes, estamos muy contentas y orgullosas de esta espléndida noticia: Participarás en el Sínodo para el Amazonas! ¿Y tú, cómo te has sentido cuando recibiste la invitación?

Ha sido una gran sorpresa !!! Me he sentido feliz y agradecida a Dios por esta oportunidad.

 

Después de todo, son ya muchos años que estás compartiendo la vida con el pueblo Yanomami en Catrimani: ¿cuáles son los dones más preciosos para tu vida que has recibido de ellos?

Esta gente ha suscitado en mí el don de la resistencia y de la elasticidad. Me hizo reconocer que no son las condiciones externas las que condicionan a la persona, nuestro modo de ser y actuar, sino más bien son las elecciones que hago en la vida y en el contexto en el que me encuentro. Todo para este pueblo es una oportunidad.

La convivencia con la gente me ayuda, purifica las motivaciones que brotan de mi vida interior, para ser una mujer de diálogo sano, liberador y transformador. Mi convicción de que ser de la Consolata significa ser una mujer de diálogo se ha convertido en un motivo de entusiasmo misionero en el mundo yanomami.

Han despertado en mí el valor de ser una mujer de esperanza: «Cuando presentamos propuestas, no queremos escuchar la palabra: «No», sino escuchar la respuesta: «¡Lo pensaremos,  lo intentaremos, trataremos de soñarlo juntos!». Así me decía un hombre yanomami cuando le pregunté qué esperaba de las Misioneras de la Consolata.

Catrimani: con el pueblo Yanomami

Como presencia de religiosos misioneros de la Consolata ¿Cómo ustedes llevan a cabo el diálogo interreligioso?

En pocas palabras, es difícil compartir una experiencia tan rica. Yo creo que importa más una forma de ser, que la de hacer un diálogo. En mi lengua Kikuyu miario, hablar, dialogar, es un respiro del corazón. Yo creo, y por esto cada mañana retomo la conciencia de mi estado interior y lo trabajo, si es necesario.

El diálogo junto al pueblo yanomami es un tema transversal que toca todos los aspectos de la vida: los sueños, los aspectos sociales, culturales, económicos, la propia cosmovisión (y esto incluye lo que es el ser humano, su origen, el sentido de la vida, el significado de la verdadera felicidad, la vida más allá de la muerte…), todo lo que los seres vivos hacen bien o mal, todo está conectado.

He descubierto que el secreto del verdadero diálogo radica en la capacidad de escuchar, evaluar el cómo estoy escuchando, comprender los códigos utilizados, los símbolos que se mencionan y el contexto en el que son usados.

Tomar el núcleo del diálogo, desarrollarlo y compartirlo en mis reflexiones e inspiraciones. Esta dinámica favorece el intercambio de dones.

El diálogo es intercalado con momentos de silencio contemplativo con el objetivo de acoger las inspiraciones y comprensiones de la alteridad presente en cada uno. Es anuncio, profecía, silencio.

A veces me dejo tocar apenas por el misterio, por la presencia de la fuerza de lo invisible de lo absoluto que vive en el bosque, entre los yanomami.

Al final de la jornada, anoto algunos diálogos realizados junto al pueblo: el tema que ha predominado en mi compartir  o el del interlocutor, busco tiempo para la oración, que orienta los pasos para la comunidad, en el tema tratado, ayuda a acoger los dones recibidos y a permanecer disponible en este empeño al día siguiente.

Este compromiso fortalece el sentido de ser Misionera de la Consolata, cada vez menos protagonista de la misión y más interlocutora, vertiendo en vasijas de barro el mensaje recibido. Y luego enviándolo a interlocutores – no a los destinatarios de la misión, porque yo misma soy destinataria (ver EG 173)

La dinámica del diálogo horizontal , (cotidiano, ya sea espontáneo, improvisado o previsto) me acompaña en la vida y en la esperanza de la vida más allá de la muerte, junto al pueblo.

 

¿Cuál es la importancia del Sínodo para el pueblo yanomami? ¿Y para los otros pueblos amazónicos?

El pueblo yanomami forma parte de un grupo diverso de pueblos del Amazonas. Estos apuntan a nuevos caminos de la misión en el Amazonas, que creo serán acogidos del modo en que el Espíritu los iluminará.

 

¿Cuál es la importancia del Sínodo para la Iglesia Católica y para nuestro Instituto Misionero?

La importancia del Sínodo consistirá en lo que la Iglesia  y nuestro Instituto Misionero asumirán y encarnarán en la vida de este gran evento.

El Sínodo es un espacio consultivo, ayudará a conocer mejor y a ver la realidad de la Iglesia, así como de nuestro Instituto, que ya lleva 70 años viviendo su misión en la Amazonía. Se lanzarán propuestas sobre nuevos caminos para la Iglesia de la Amazonía y para una ecología integral

 

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