UN HOGAR PARA LOS PEQUEÑOS

El día 12 de abril se celebra en Bolivia, el día del niño boliviano. Las noticias nos decían que en Potosí estos primeros tres meses del 2021 se registraron unos 800 niños que sufrieron diversos tipos de violencias; algunos fueron abandonados, otros maltratados, abusados… la mayoría de los casos, por sus propios parientes. Ese día había bulla en Vilacaya, porque los chicos del Colegio, estaban gozando de un “día de campo”, o sea de convivencia por toda la jornada, incluyendo la comida y juegos juntos, sin tener las acostumbradas clases, para festejar el aniversario del colegio.

Una alternativa de bien

A pesar de ser un pueblo con escasos habitantes, Vilacaya, donde está nuestra misión, hace unos años alberga en un centro de acogida, a niños y adolescentes que, por diversos motivos, no pueden vivir con su familia. Cuando se dan situaciones que amenazan un sano crecimiento de la niñez en familias disgregadas, el Estado a través de Defensoría, los deriva a un centro, resguardando así su tutela. Otras veces, son los mismos parientes que lo piden.

En 2009 nace el Centro de Acogida “Adrían Paz”, por iniciativa de una ONG española MADES, cuyo promotor, Joaquín, vive en Madrid, pendiente siempre del bienestar de sus niños y jóvenes en Vilacaya.

Todos los años, Joaquín dedica el tiempo de sus vacaciones de fin de año para estar por un par de meses con estos chicos, que lo sienten como un padre y amigo. El resto del año en Madrid lo emplea para recaudar fondos para el centro ya que alberga un total de 21 chicos, entre niños y jovencitos hasta los 18 años.

Nosotras apoyamos esta iniciativa con nuestra presencia rotativa de lunes a viernes, acompañando a los chicos ayudándolos con sus tareas, y sobre todo, acogiéndolos afectuosamente como madres y compañeras de camino, en su crecimiento. La Institución cuenta con una Licenciada, responsable del centro en el lugar y con educadoras que acompañan el proceso. Una de éstas, es una señora joven muy querida por los más pequeños, tanto que la llaman” mamá”. Un día, unos de los peques, de siete años, mientras intentaba de hacer una lectura, me confió su tristeza debido a que extrañaba a su mamá, y que por eso deseaba ir a Tres cruces, (un lugar de feria) para buscarla.  Le pregunté: ¿Acaso no tienes mamá aquí? – pensando en ésta educadora. Me dijo que sí, y continuó, serenamente con la lectura.

Cuando me uní a la comunidad en 2016, este “trabajito de las tardes”, no me parecía necesario ni relevante en la misión. Sin embargo, con el pasar del tiempo, interactuando cada vez más con los chicos, me fui dando cuenta de lo que el Señor ponía en mi camino, para convertirme, como dice el evangelio, en pequeña como ellos, abriéndome a la ternura, para dar y recibir gestos cariñosos como caricias y besos, de abrazos sin medida. Y qué importante, para ayudar a crecer en la autoestima, regalar miradas de atención, palabras de aliento, para cada uno de ellos. En fin, ser canal de un mínimo de ternura tan necesaria para crecer.

 Siendo la comida un factor importante para sentirse acogido en esta cultura, una de nosotras, Stefy, ha tenido la feliz idea de festejar cada mes el cumpleaños de los chicos, con la pizza casera en la cena. ¡Pero no es una, para tantos, sino que sabe llegar a unas doce para todos! Por suerte, Stefy siendo italiana, es una experta en hacerlas ricas y crujientes, así que los chicos esperan ansiosos esa cena tan especial, preparada con tanto cariño por la comunidad para ellos.

La misión me convence siempre más que no se requieren cosas grandes para amar, sino ponerlo todo de ti, en cada gesto, en cada acción, ¡para que el otro sienta que la vida vale la pena vivirla!

Hna Marisa, mc

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